El lado ancestral del arte urbano. Entrevista a Carmen Pintado

 


El lado ancestral del arte urbano. Entrevista a Carmen Pintado

Por Carlos Cubas


1.- ¿Cómo ha sido tu trayectoria artística y en qué momento decidiste dedicarte a la pintura?

Carmen: Yo pintaba por hobby, nunca lo tuve como un estilo de vida. Yo estudié diseño de interiores al principio, y como mis docentes veían que tenía mucha capacidad plástica para hacer los bocetos, me recomendaron que tomara un curso de arte y pintura adicional. Entonces estuve en una escuela de Bellas Artes acá en Chiclayo con el maestro Briones, y pintaba mis cositas ahí.

En el 2010 vi a una persona pintando en la calle y eso me impactó tanto que dije: “Si tengo la capacidad para pintar, ¿por qué no puedo pintar a esta medida?”. Esta persona era muy talentosa, entonces era como un reto visual, un reto de ver la capacidad de desarrollo plástico. Pensé: “Si se puede pintar tan bonito y se puede hacer en la calle, ¿por qué no lo estoy haciendo?”. Él pintó al Loco Chete, una mototaxi. Es Raf, un artista de acá de La Victoria, pero que vive en Lima.

Me pareció muy cotidiano llevar el arte, que suele estar en una galería, a lo común, a lo cotidiano, y que la gente se detenga y mire, que diga: “¿Qué es esto que estoy viendo?”. Desde ahí, desde el 2010 hasta ahora, me enfoqué en el arte y es prácticamente de lo que vivo.


2.- Cuéntanos un poco sobre tus trabajos artísticos: qué elementos sueles usar, tus temáticas y también podrías hablarnos de la técnica que utilizas.

Carmen: Yo he explorado diferentes materiales en el proceso, siempre desde la necesidad, porque comprar óleos es muy caro, y para pintar en la calle no puedo. Puedo pintar con acrílico, pero no con un acrílico de calidad porque es muy costoso.

Tal vez los primeros años en la escuela trabajaba con las técnicas que me indicaban; ya en la práctica yo trabajo directamente con pintura satinada de ferretería tal cual, o sea, la que compras en galones y pintas tu pared. Con eso he trabajado mucho tiempo. He aprendido a manejar los tonos, los subtonos y las mezclas, porque son pinturas de ferretería y son más transparentes; hay colores que se oxidan, que se malgastan más rápido, entonces hay que trabajarlas mucho. El tiempo me ha ido enseñando a dominar esa técnica, y siento que la manejo bien.

Luego exploré una temporada con el aerosol, que me permitió viajar mucho tiempo. Hacía pintura con spray, unos cuadritos sencillos que se vendían en la calle. Trabajé con el spray, pero resultó muy tóxico y en algún punto me afectó.

Entonces, ahora trabajo con pintura satinada y le doy unos cuantos toques y efectos con aerosol, porque ya tengo la posibilidad y utilizo unas marcas que son menos tóxicas, de mejor calidad de color y resistentes a la intemperie. Aparte, les aplico un sellador. Mi técnica, lo que más domino, es el material satinado y la pintura industrial.

En los lienzos también he aplicado pintura de ferretería; no es tan difícil, solo es jugar con los grises porque tiende a grisarse, pero aun así el efecto de color que logro ya es muy mío. Inclusive este color turquesa lo utilizo en la mayoría de mis elementos.

Con respecto a la temática, trabajo siempre desde lo ancestral, desde lo mochica. Tal vez un poquito direccionado al principio porque era lo que se vendía acá en Lambayeque, por mi vínculo con los museos, con restaurantes y hoteles que me piden lo que el turista viene a buscar. Desde ahí empecé, pero conforme fui investigando, estudiando y hablando con arqueólogos —porque sí me he tomado el tiempo de conversar con ellos sobre sus investigaciones y tratar de ser lo más fiel posible y no vender fantasías al turista— me he enamorado y me he mimetizado con la cultura precolombina, sobre todo la Moche y la Lambayeque.

Yo hice una investigación sobre Chornancap; también fue mi proyecto de tesis, que trataba sobre las mujeres ancestrales. Tuve todas las facilidades que me dio el arqueólogo para investigar y producir una obra en gran formato que ahora se encuentra en el Museo Chotuna–Chornancap. Investigué el personaje, lo que hubo en su fardo funerario, sus acompañantes. Desde ahí me enamoré de ese proceso porque hay muchas más mujeres que tuvieron roles y cargos de poder en la cultura precolombina. Mucho se habla del Señor de Sipán, entonces yo fui por el otro lado, desde la feminidad ancestral.

He trabajado varios proyectitos también desde el arte urbano. Ganamos un financiamiento hace unos años, por lo cual ahora nos llamamos “Ancestras”. Este proyecto investigó a tres mujeres de la cultura Lambayeque y ejecutó murales inspirados en ellas, creados por mujeres artistas de la región. Fueron Chin Chia, Sandra Llontop —que están participando de esta muestra— y con quienes tenemos el proyecto Ancestras, que seguimos gestionando. La gente nos comenzó a conocer como “Las Ancestras”, así que formamos el colectivo y continuamos buscando espacios para trabajar y crear. Y la tercera soy yo, obviamente.

Nosotras partimos de esta idea de la feminidad ancestral y también desde el acompañamiento, desde generar nuestros propios espacios para visibilizar nuestro arte, porque nadie va a venir a hacerlo por nosotras. También buscamos abrirlo no solo a nosotras, sino a la comunidad de artistas del arte urbano.

Planteamos socializar nuestra experiencia y llegamos al común denominador de que la planta Wachuma —una bebida enteógena a partir del cactus San Pedro— generó cierto cambio en el alma, y después la pintura se volvió diferente. Lo planteamos como un reto de producción: pintar enteramente desde esa temática. Entonces gestionamos, articulamos con los artistas que iban a participar, organizamos la curaduría, el tema y los detalles implicados. Esta muestra reúne a seis artistas que nos enfocamos en esa experiencia.

“En la huaca” busca comunicar el proceso que tuve con una experiencia de Wachuma. Siempre he trabajado con los personajes, los “huaquitos”, despertando, porque siento que son contenedores de espíritus Moche antiguos. Desde mi imaginario pongo a dos seres que despiertan de estos huacos y acompañan el momento de la ceremonia. En el centro hay un elemento fuego que incendia un corazón, y desde ahí emerge una energía que conecta a un ente que considero un ser femenino superior, como un ente regente que viene desde la luna. Es un momento de conexión espiritual con el ser superior que me guía y con el espacio-tiempo terrenal en que estoy.

En la obra “En ceremonia” intento compartir un momento que nosotros planificamos exclusivamente para tomar y pintar, como parte de la experiencia de pintar en medicina y de arte visionario. Todo lo que se ve ahí es lo que yo visioné. El personaje del centro sigo siendo yo; es como un huaquito despertando con un corazón en la mano. Lo que está alrededor son elementos que fueron apareciendo: ramas, la luna en la parte de abajo, un fluido extraño, y una mirada superior, un ente que vigila, que siento y percibo. Eso intento comunicar.

“Yo vengo” nace de otro proceso de dibujo, de un momento muy difícil en el que estaba pasando. A veces uno pierde la esperanza. Uno viene con tantas intenciones de hacer las cosas bien, con propósito, y se encuentra con muchas cosas en el camino. Dices: “¿Para qué lo sigo haciendo?”. Entonces fluí mucho con una canción de Fito Páez interpretada por Mercedes Sosa que dice “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Toda la narrativa me conmovió tanto que me quedé con esa frase, porque ese es el propósito: va más allá de que el mundo agradezca o no; igual vengo a hacerlo porque amo lo que hago.

Intenté transmitir esa idea con un personaje de la cultura Sicán–Lambayeque, reinterpretado. Coloqué un corazoncito con fisuras —un corazón roto— pero aun así viene a ser ofrecido. También incluyo el San Pedro, la luna en cuarto menguante, por el momento introspectivo con el que llegas a la ceremonia a ofrecer tu corazón sincero para encontrar respuestas, para sanar…

Carlos: Un corazón brillante.

Carmen: Un corazón que, a pesar de estar roto, emana luz, emana energía, y va más allá de lo que el mundo pueda responder ante nuestro buen corazón. Simplemente es el buen corazón y lo que tú ofreces.


3.- ¿Qué es “Wachuma”?

Carmen: Esta muestra gira alrededor de este cactus que muchos hemos visto en nuestros barrios: el Echinopsis pachanoi, técnicamente, pero que todos conocemos como San Pedro o “Gigantón” en la zona andina.

Es un cactus conocido como San Pedro; los españoles le pusieron ese nombre porque “abría las puertas del cielo”. En la tradición popular y en la medicina tradicional es una bebida alucinógena —yo prefiero decir enteógena— que te conecta con otros entes o seres. La bebida que se prepara se llama Wachuma, que significa “estar sin cabeza”, y describe el proceso de alucinación, el despertar de la conciencia, la hipersensibilidad.


4.- Después de todo este tiempo pintando, ¿cuáles crees que son los principales retos para los artistas urbanos?

Carmen: Es sistemático el problema. Los principales retos del arte urbano vienen desde la estructura política estatal y de las políticas culturales. Hay muy poco financiamiento para que la gente pueda crear libremente. Existen algunos concursos que te dan cierta apertura —trabajo comunitario, proyectos colectivos, creación, producción, internacionalización—, pero el presupuesto es mínimo.

También los artistas urbanos vienen desde la informalidad, fuera de la academia. Es complejo que hagan un proyecto redactado, estructurado, presupuestado, si no hay conocimiento de esos procesos. Además, el arte urbano es muy individualista, entonces seguimos ahí: desde la informalidad, desde la calle, tomando los espacios.

Otro problema es que la gente, al vernos en estos procesos en la calle —que lo hacemos por amor al arte—, lo valoriza mucho menos. Se abren concursos y festivales que no valoran al artista y solo quieren el producto final: “La pintura bonita para decorar mi cuadra”. No hay reflexión ni valoración hacia el artista urbano que deja su tiempo, su espacio y su casa para hacer arte.

Tampoco hay una necesidad fuerte de comprar arte. ¿De qué vive el artista? Nos arreglamos pintando restaurantes, hoteles, pero es muy poco mercado para tantos artistas que hay.


5.- Esta muestra y otras que has realizado, ¿cómo crees que impactan en las comunidades con las que trabajaste?

Carmen: El resultado recién se está viendo ahora. Cuando conseguimos financiamiento para el Proyecto Ancestras —que investigó y visibilizó a estos personajes como murales— no solo impactó en nosotras como artistas, empoderándonos a través de nuestra historia, sino también en las comunidades donde estos personajes fueron descubiertos.

Fuimos al colegio Bodegones, al colegio de La Zaranda y a la comunidad de Ventarrón y pintamos allí. El impacto visual hace que te cuestiones, reflexiones e investigues. Hemos intentado comunicar, desde nuestro ejercicio plástico, quiénes son, que te puedes empoderar a través de eso, que te sientas orgulloso y orgullosa de la historia de las mujeres de Lambayeque.

También tuvimos talleres con adolescentes durante la ejecución de los murales. Hicimos procesos reflexivos sobre quiénes son, cuánto poder pudieron haber ejercido en la soberanía, en la casa, en la comunidad. No buscamos “cambiar el mundo”, sino comunicar ideas que puedan impulsar.

Hoy llevamos tres años trabajando esa temática. La comunidad chiclayana nos conoce por los murales y por otras temáticas. Creemos que el arte sí puede ser una manera rentable de vivir, y trabajamos a diario para que se pueda. No buscamos solo el asistencialismo de “darle algo bueno a un niño”, sino generar espacios para la producción de arte. El impacto también es en la comunidad artística, en artistas urbanos que no tienen un sistema de profesionalización o espacios para crear.


6.- En los murales de la calle se ven obras de varios artistas. Imagino que les toca trabajar juntos muchas veces. ¿Cómo ves la relación entre los artistas urbanos en Chiclayo?

Carmen: Nosotros tenemos más de diez años pintando en Chiclayo desde diferentes procesos. Antes teníamos otro proyecto de pintado en los barrios llamado “Pintando el Barrio”, siempre convocando e intercambiando experiencias con otros artistas. Hemos viajado a otros lugares; esas personas que conocemos vienen para acá y se genera una red muy bonita de artistas que disfrutan trabajar en el espacio público.

Estos murales que ves son de cada uno, con su estilo. Nosotros como artistas urbanos, incluso organizando festivales, no condicionamos al artista a que pinte algo específico. El artista viene desde su estilo, desde lo que lo mueve.

El año pasado tuvimos el primer Festival de Arte Urbano en la zona del ex-Backus, en la calle Vicente de la Vega y San Martín, donde toda la cuadra está pintada. Nos propusimos juntar artistas con mucha experiencia —como Raff, con quien tenemos un vínculo chévere—, artistas promedio que están avanzando y artistas nuevos. El festival no es solo para venir a pintar y ya, sino para generar intercambio de conocimiento y fortalecer la red artística. La idea es que el arte urbano y el espacio público sean lugares de encuentro.


7.- Vemos algunos murales que representan a músicos de la escena chiclayana. ¿Se mantiene viva tu relación con otros artistas de diversas escenas y formas de expresión?

Carmen: La comunidad chiclayana es chiquita; la comunidad artística es más chiquita aún, y la comunidad urbana es mínima, así que todos nos conocemos. Lamentablemente, hay algunos que van hacia sus propios intereses y son muy cerrados; incluso la comunidad hip-hop está súper dividida. Pero aun así hay acciones, se activan cosas.

Entre artistas nos conocemos todos. Yo agradezco haber conocido a Jesús. Ese mural lo hice yo, porque fue la única manera que encontré para lidiar con lo que había pasado. Conocí a muchos artistas a través de ese mural, desde el mismo sentir, desde el mismo pesar. Así vamos construyendo vínculos.

No podemos decir que somos “los artistas más unidos de Chiclayo”, pero sí nos mueven cosas en común: el arte, la amistad, las experiencias, y la necesidad de generar más espacios para las artes. Espero que poco a poco sigamos uniéndonos más, por favor.


8.- ¿Qué tanto reflejas tu posición social y política en tus cuadros? ¿Cuál es la pintura que representa ese aspecto?

Carmen: Sí tengo una obra; no recuerdo el nombre, pero la tengo colgada en mi taller. Es una escena en el marco de las muertes de Inti y Bryan, y del disparo en la espalda de John Cordero que lo dejó paralítico. Ahora ya se está recuperando, pero siguen pasando los años y no hay respuestas, no hay responsables, nadie se hizo cargo. Desde ahí mi postura política siempre ha estado muy marcada.

He participado en protestas, he sido artivista; he pintado en el marco de las protestas, generando cartelería y ese tipo de trabajos. En Lima también me he involucrado, pero suelo pintar más en la calle. Yo vengo desde el arte urbano hacia la pintura. Solo tengo un cuadro y algunos gráficos pequeños, pero sí tengo murales que hablan de eso en la calle.


9.- ¿Crees que existen empresas estatales o privadas responsables con el arte, o hay una falta de responsabilidad social en nuestra sociedad?

Carmen: Hay algunas cuantas. Yo organizo el Festival de Arte Urbano Chiclayo Mural y sí hay empresas que apuestan por él como parte de su proyección social. Acá en Chiclayo hay muy buenas empresas que nos han apoyado.

Estas empresas necesitan formalidad: que les argumentes todo, que redactes, que muestres resultados. Hay que buscarlo, trabajarlo, sistematizar. A veces la empresa privada tiene fondos, pero no encuentra procesos de gestión serios para canalizarlos.


10.- ¿Has visto inversión desde lo público hacia el arte, hacia la universidad?

Carmen: Creo que la universidad ha tenido un rol importante en generar artistas en Lambayeque, pero sigue siendo insuficiente. Tienen lo mínimo. Yo estudié en la Escuela de Bellas Artes de Trujillo. Un compañero que fue docente en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo me contaba que no tienen ni para armar un bodegón. Los chicos tienen que llevar sus recursos para poder hacer sus prácticas, entonces sigue siendo deficiente.

Más allá de dar clases, se deberían promover procesos de gestión, para que los mismos artistas generen sus proyectos. ¿Quién más que el artista sabe cuáles son sus falencias y necesidades? Desde ahí se pueden generar proyectos, no esperar que mágicamente te contraten y te lleven a París.


11.- Desde que te iniciaste hasta ahora, ¿ves un crecimiento del arte plástico en Chiclayo o en el norte?

Carmen: Desde la primera vez que vi a un artista urbano en Chiclayo —que fue esta persona que me impactó—, el arte urbano ha tenido un efecto multiplicador. A alguien le gusta, lo comparte. Desde 2010 hasta ahora sí se ha visto un cambio potente. Ya no son tres o cuatro artistas pintando; ahora son muchos más.

Nosotros abrimos una convocatoria para artistas locales, no necesariamente del arte urbano. Ya hay una escuela de arte en la Universidad Pedro que tiene la carrera de Artes Plásticas; hay más egresados. La Universidad Señor de Sipán también abrió una facultad en su momento. Hay una educación más académica hacia las artes, y hay personas que migran hacia el arte urbano. Hemos encontrado muy buenos artistas aquí en Lambayeque que están haciendo murales impresionantes.


12.- El Proyecto Ancestras tiene casi tres años promoviendo arte. ¿Cuál es el futuro de Carmen Pintado y qué otros eventos hay en mente para Ancestras?

Carmen: El futuro siempre es incierto, pero tengo procesos claros sobre lo que quisiera ver en cinco o diez años. Hace diez años pensé que me gustaría verme como estoy ahora, y ya logré una parte.

Con Ancestras tengo la meta de trabajar los próximos cinco años desde la gestión. Aparte de ser artista urbana, con lo poco que genero y produzco, también quiero trabajar como contratista. Toma tiempo, y si le dedico el 30 % de mi tiempo a la gestión, los próximos cinco años habrá muchos más festivales. Vamos a trabajar articuladamente con diferentes instituciones, hacer talleres… Hemos visto que las técnicas del arte urbano son una problemática fuerte, así que queremos promocionar más talleres para que más gente se involucre. También queremos institucionalizar el festival para que sí o sí se ejecute cada año.

Como artista independiente ya tengo una línea. Seguiré produciendo arte urbano. Las galerías no son lo mío, tal vez hagamos una o dos exposiciones, pero yo soy más de la calle. Mi temática viene desde las mujeres, desde la ancestralidad.

Como contratista, quiero capacitar más a las personas con las que trabajo. Es importante la formalización para acceder a proyectos más grandes. Para nosotros es importante que el mural trascienda los dos o tres metros y tenga impacto visual en el espacio público, en edificios. Un festival es súper caro; conseguir financiamiento es complejo. Entonces, desde el trabajo por contrato buscamos proyectos de gran formato.

Como artista independiente también quiero que mi gráfica no solo se vea, sino que se compre. Por eso hago politos, prints, cosas. Estoy viendo la posibilidad de viajar; me encanta participar en festivales. He recorrido varias ciudades; me falta pintar en Iquitos, Tarapoto, Puno, Tacna. Pinté mosaico en Ecuador porque implementamos un taller y fui por eso.

Apunto a que mi arte pueda salir más a Latinoamérica: moverme a Chile, Colombia, México; incluso a Alemania, Estados Unidos, Europa. Ahora estoy humildemente en Latinoamérica, pero en algún momento habrá esa posibilidad y voy a hacer todo lo posible por representar bien desde el arte. Por ahora, postular, generar más trabajo —el doble o triple— porque es necesario para visibilizar nuestras artes.


13.- Palabras cortas: ¿Qué les dirías a los jóvenes que están empezando en las artes plásticas, en la pintura?

Carmen: La recomendación que siempre doy es que sean tercos, que no se rindan, que siempre estén creando, dibujando, pintando, haciendo música, teatro, bailando… lo que sea que los conecte con el arte.

Puede que estudien otra carrera, puede que pasen cosas, pero que no lo dejen. Que al menos un treinta por ciento de su tiempo se lo dediquen netamente al arte, que es lo que nos hace felices. Porque si nada nos hace felices, todo lo demás es por las puras.

Entonces, que sean tercos; que busquen oportunidades; que pregunten. Siempre hay alguien que quiere compartir conocimiento.

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